Opinión MAB: “Las empresas pequeñas con un componente revolucionario atraen a los inversores”

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Joan Anglada
Analista Financiero
TheMoneyGlory.com

NAO es un empleado ejemplar. Nunca se queja por su sueldo, no parará de trabajar para desayunar con sus compañeros de oficina y soluciona cualquier problema básico de los clientes de un banco. NAO no se parece a un trabajador convencional porque es un robot.

La empresa japonesa Aldebaran Robotics, del grupo de telecomunicaciones SoftBank, es la primera compañía que ha impulsado la incorporación de androides en diferentes sucursales del Mitsubishi UFJ, en Tokyo. Lo que parece ahora una anécdota, puede transformarse en el mejor negocio de las últimas décadas.

¿Quién sabe si, en el futuro, todas las sucursales bancarias del mundo tendrán robots de 58 centímetros que leerán extractos bancarios?

Las inversiones en startups, como en empresas farmacéuticas, plataformas tecnológicas o también androides empleados de banco, conllevan esta incertidumbre de un futuro borroso. Casi negro. Más que con otras empresas consolidadas con un modelo de negocio tradicional.

Esta es la razón porqué es tan complicado analizar estos nuevos proyectos y considerar una posible inversión. Mientras que para algunos una noticia de estas características es el preludio de una moda pasajera, que terminará en un abrir y cerrar de ojos, otros inversores creen que es la semilla de una autentica transformación.

En la bolsa, como en el Mercado Alternativo Bursátil en España, las empresas pequeñas con un componente revolucionario atraen a los inversores. Asumir una porción de riesgo parece que tenga menos importancia cuando se compara con su potencial de beneficios, que le espera a estos negocios cuando consiguen abrir sus propios nichos de mercado.

Pero adentrarse en lo desconocido implica un riesgo superior y probabilidades reales de quiebra. Además, la naturaleza de las startups ofrece muchas limitaciones para analizar sus datos financieros. Eso lo explica el profesor de finanzas Aswath Damodaran en el documento “Valuing Young, Start-up and Growth Companies: Estimation Issues and Valuation Challenges”.

Un producto disruptivo incipiente, o un servicio enfocado solo a incrementar la base de clientes, sin aún registrar beneficios, no ofrece demasiada información a un analista preparado. Al contrario que con las acciones de Coca-Cola o Telefónica, no se puede revisar el historial de datos de una startup, porque no hay. No se sabe cuáles serán los rendimientos de las inversiones, ni sus competidores.

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La falta de información cuantitativa sitúa al analista y/o inversor en el papel de investigador que debe avaluar detenidamente las cualidades de la compañía.

El análisis cualitativo es lo que Philip A. Fisher bautizó como “rumorología” y lo contó en su libro “Acciones ordinarias y beneficios extraordinarios”. El padre de las inversiones en empresas de fuerte crecimiento comprendió que la mejor manera de entender un negocio es a través de la perspectiva de cualquier persona vinculada.

Pero Fisher no es refería a los propietarios, sino que quería conocer qué opiniones tenían los clientes, los proveedores y los acreedores de la compañía. Si se trataba de un laboratorio, hablaba con los científicos del mismo campo de investigación. Cuando el objetivo eran empresas industriales, sus fuentes de información eran ingenieros. También buscaba antiguos empleados, incluso los resentidos, o a los compradores potenciales para descubrir todos los detalles escondidos, que es le podrían escapar leyendo solo las cifras financieras.

No era hasta el último estadio, cuando ya conocía a fondo todas las virtudes y problemáticas de la empresa, que se reunía con sus directivos, les expresaba sus dudas y estudiaba las características de los ejecutivos y socios emprendedores.

La teoría financiera actual ha clasificado la idea de “rumorología” en la teoría del Mosaico (Mosaic Theory) y define lo que hacía Fisher hace más de cuarenta años. Se trata de complementar con cualquier tipo de información – encuestas y estudios de mercado, rumores no materiales… – el vacío que dejan los datos económicos, sobretodo en el caso particular de las compañías emergentes.

En el caso hipotético de un análisis del proyecto NAO, el actitud del posible inversor sería la misma que la de un periodista que quiere completar un reportaje de investigación sobre este nuevo prototipo. Para ello debería entrevistarse con todos los protagonistas de la historia: el inventor del robot, el ingeniero encargado del diseño, el banquero y futuro compañero de oficina de este artefacto, a los clientes que son atendidos por el androide…

Entre todos ellos deberían resolver preguntas como: ¿Cuál es el valor añadido de este producto? ¿Cuál es su coste real? ¿Qué hace la competencia del sector bancario?

Finalmente, cuando hubiera completado la búsqueda, se dirigiría a los emprendedores y directores de la compañía, como si se tratara la última parada del trayecto. En este punto, es probable que ya se hubieran solucionado todas las dudas gracias al proceso de investigación.

Por eso, como comodín, se podría usar la pregunta estrella que dirigía Philip Fisher a todos los ejecutivos con los que se entrevistaba:

¿Qué es lo que hace su empresa que aún no hace la competencia?